Si los docentes no leen son incapaces de transmitir el placer de la
lectura
Más que empezar con la
pregunta típica de cómo hago para enseñar a leer y escribir, primero hay que
enseñar algo acerca de lo que es la escritura y para qué sirve. El maestro
tiene que comportarse como lector, como alguien que ya posee la escritura. La
gran diferencia entre los chicos que han tenido libros y lectores a su
alrededor y los que no los han tenido es que no tienen la menor idea del
misterio que hay ahí adentro. Más que una maestra que empieza a enseñar,
necesitan una maestra que les muestre qué quiere decir saber leer y escribir.
Cuanta menos inmersión haya tenido antes, más hay que darle al inicio.
Hay cosas que van a ser iguales y otras que son
necesariamente distintas. Algo que les digo siempre a los maestros es: “¿Usted no sabe
qué hacer el primer día? Lea en voz alta”. La experiencia de escuchar leer en voz alta no es una
experiencia de todos los chicos antes de entrar a la escuela y es crucial para
entender ese mundo insólito que tiene que ver con que hay estas patitas de
araña (muestra las letras) en una hoja y que suscitan lengua.
Se habla mucho del placer de la lectura, pero ¿cómo se transmite ese
placer si el maestro nunca sintió ese placer porque leyó nada más que
instrucciones oficiales, libros de “cómo hacer para”, leyó lo menos posible. Es muy difícil que ese
maestro pueda transmitir un placer que nunca sintió y un interés por algo en lo
que nunca se interesó. En toda América latina el reclutamiento de maestros viene
de las capas menos favorecidas de la población. En muchos casos no hay
aspiración a ser maestro. Y en ese sentido cambió, pasó de ser una profesión de
alto prestigio social a una con relativo bajo prestigio social.
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